viernes, 25 de junio de 2010

Muito obrigado, muito obrigado

Los azares del sorteo celebrado en diciembre pasado en Ciudad del Cabo, hicieron saltar a los aficionados del mundo: Brasil y Portugal se verían los rostros en un enfrentamiento en idioma portugués, y en esa batalla iba a ser posible ser testigos de la lucha por el control del liderazgo entre Kaká y Cristiano Ronaldo.

No pudo ser, porque Kaká sintió el peso del castigo de la tarjeta roja recibida en el partido ante Costa de Marfil, pero sobre todo, y vaya qué argumento, porque el juego de las conveniencias no dejó jugar, valga el juego de palabras.

Contra sus hábitos futbolísticos, de cierta manera traicionado sus características, los portugueses no saltaron ala cancha a buscar la pelota, La regalaron, sin cobro alguno y sin que les diera pena, a un adversario que ante la carencia de necesidad, fue displicente y poco brillante. Este cuadro de objetivos, uno, el equipo suramericano por conservar el primer lugar del grupo, y el europeo, por clasificar a todo evento a los octavos de finales, le dieron forma a un partido de intrascendencias, de mal jugar, de desaciertos y poca imaginación.

De vez en cuando, brasileños y portugueses se acordaban de su responsabilidad con el fútbol y tenían uno que otro detalle. Nilmar, en el lugar de Robinho, trató de picar para hacerle un surco a la cancha con su velocidad de luz, y Cristiano Ronaldo, en la junta intermitente con el Dani Alves compañero, de romper la hermética zaga central verdiamarilla formada por Lucio y Juan.

Pero todo fue un destello, un asomo de buenas intenciones al trasluz de un partido absolutamente condicionado por las circunstancias. Ganar no era una prioridad, para unos y otros, y por eso unos y otros podían pronunciar, con toda propiedad, el “muito obrigado” del clásico agradecimiento en idioma portugués.

Entretanto, en el otro teatro, Costa de Marfil luchaba contra un adversario indestructible: el tiempo, ese crono que en 90 minutos de búsqueda solo le permitió marcar tres goles y no los nueve requeridos para desbancar a Portugal y trascender a los octavos.

Brasil y Portugal tomarán caminos diferentes y tal vez se vuelvan a ver en una hipotética final. Entonces, y seguramente, jugarían un partido distinto, con agallas y ganas, en procura de un objetivo mucho mayor que los de ayer en la cancha de Durban.

Cristóbal Guerra

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