sábado, 19 de junio de 2010

Holanda sigue sin demostrar su favoritismo


Los recuerdos son a veces amables, a veces amargos.
Y amargos tiene que haber sido ayer, cuando los aficionados de mediana y vieja data vieron jugar a Holanda, la gran Holanda que tanto le ha dado al fútbol universal, y que tantas esperanzas ha despertado en este Mundial. Holanda es candidato, y Holanda está en el camino después de dos victorias corridas, pero Holanda sufre y se devalúa cuando se le compara con aquella que da origen al título de esta nota: “La naranja mecánica” del gran Johann Cruyff y toda su luminosa pandilla de 1974 en Alemania.
Japón se encargó de aguar la fiesta de las camisetas anaranjadas. Con fútbol más táctico que virtuoso, con más determinación y ganas que valores individuales, los japoneses fueron fieles a los preceptos de su organizada sociedad. Dándole prioridad al colectivo por encima del hecho individual, esperaron sus oportunidades y de a poco fueron nublando el panorama de un equipo tulipán perdido en sus propias indecisiones, en su falta de certezas. Un equipo que no se divierte, y que parece sufrir cuando va en busca del arco adversario.
Tal vez Holanda se haya tomado en serio su rol de elegido para estar en la final del 11 de julio, y por eso mismo, se esté tomando las cosas con calma. Ha aprendido la lección de los italianos, los alemanes, brasileños y argentinos, que suelen asumir el Mundial sin apuros en la ronda de grupos.
Ganaron ayer sin esplendor, como también habían batido a Dinamarca, y la gente sigue esperando que aparezca el equipo prometido, el mesías de este torneo. El antecedente de aquella selección que la memoria nos ha puesto frente a la computadora es demasiado contundente, demasiado arrasador, y este equipo del 2010 mucho tendrá que solidificarse y crecer en brillantez para que esa estampa evocada no siga siendo lacerante.
La actitud tal vez displicente de los holandeses, no obstante su clara victoria ante Japón, contrasta, cómo no, con lo visto minutos más tarde con Australia, un puñado de hombres que jugando con uno menos ante Ghana desde el minuto 23, tuvo arrestos y ambición para levantar un partido que no le auguraba un porvenir feliz.
Al final de todo, un contraste demasiado evidente de lo que ha sido este Mundial, en el que el miedo a perder, la mezquindad y una especie de cobardía, han sido la banda sonora y la forma de conducta más palpable.

Cristóbal Guerra

viernes, 18 de junio de 2010

Belgrado festeja el gran imposible

Los nombres de Milan Jovanovic y Vladimir Stojkovic contrastan en escritura y fonética con los de Miroslav Klose y Lukas Podolski, pero sobre todo en logros futbolísticos si hablamos de los sucesos de ayer en Port Elizabeth, un lugar de este mundo muy distante de Belgrado donde Serbia venció al poderío alemán. Y lo venció, no obstante haber sido un equipo excesivamente cauto ante aquel monstruo que ayer, jugando con 10 hombres desde el minuto 33, no tuvo arrestos para revertir la historia de un partido que nunca fue noble y buena con su reputación de potencia universal.

Serbia pido conseguir más, pero se conformó. No le importó dejar pasar con indiferencia la oportunidad de ganar el partido por un marcador más ancho, porque siempre tuvo temor a que Alemania se acordara de repente de que es Alemania, que volviera sobre sus pasos y fuera otra vez el equipo tricampeón del mundo, y le arruinara el festejo a su pequeño país recostado a orillas del mar Adriático.

Y extrañó la actitud de los serbios, conocidos en todas partes por su manera de ser empecinada y terca, muy tozuda. Por sus persistencia en cualquier campo de la vida, pero también por ofrecer jugadores de fútbol talentosos y potentes.

Alemania probó de eso ayer. El gol de Jovanovic fue así, una muestra de cómo son los hombres de su nacionalidad, pues se paró muy cerca del arco germano y, con determinación, marcó aquel gol que insospechadamente ha puesto en carrera a Serbia en ruta hacia los octavos de final.

Los alemanes atacaron, sí, y no los condicionó ni siquiera la expulsión mañanera de Klose. Siguieron fieles a sus hábitos ofensivos, fueron por el territorio serbio, y cuando llegó el penal a comienzos del segundo tiempo, parecía que el fútbol les daba su recompensa. Pero entonces insurgió el arquero Stojkovic, con su 1,96, con sus manazas enormes, con su mirada fiera, para contener el tiro penal disparado por el botín izquierdo de Podolski.

El equipo de Berlín no cejó en sus empeños, todo tan estéril, tanto tiempo y esfuerzos dilapidados, y ahora, con tres puntos, debe compartir la vanguardia de su grupo con Ghana y sus victimarios de ayer. Quién lo hubiera pensado, ayer a un minuto para las siete de la mañana: Alemania ha caído, Serbia le ha vencido con buenas artes, y todo ha quedado en la bruma de la incertidumbre.

Cristóbal Guerra

jueves, 17 de junio de 2010

La gesta de Ulises en la Odisea

Regresar, desandar los pasos y ser triunfador caracterizó la gesta de Ulises en la Odisea. Ítaca era el objetivo, la parada final, como lo fue el gol hoy en Bloemfontein para la selección griega en el camino hacia su primera victoria en mundiales de fútbol.

Con el viento del Mediterráneo en contra, Grecia sintió el rigor de estar abajo luego del gol de Uche en el minuto 15. Por entonces, el país helénico parecía desconcertado, perdido en el mar picado de su incapacidad, pero como el fútbol tiene sus cosas y sus detalles, la expulsión de Kaita, en el 33 y en una acción tan inocente como irresponsable, determinó que el destino del partido ardiente y bien jugado, cambió el rumbo.

Entonces las naves de la flota griega enderezaron, llegó el empate por Salpingidis y el panorama y el porvenir se abrieron para aquel equipo que, con orden y concierto, se enrumbara hacia el puerto seguro de una conquista que terminó por ser inobjetable.

Nigeria, con 10 hombres, asumió el partido como pudo. Buscó sin ideas, su defensa se hizo un caos cada vez que Grecia metía el punzón de su ataque, y entonces se sabía que todo, como en las sentencias de muerte, era un asunto de tiempo.

Grecia se ordenó, con un orden que hizo recordar al oficioso equipo campeón de la Eurocopa de 2004, y se tomó las cosas con mucha calma. Buscó por aquí y por allá, extenuando los caminos, siempre con Tziolis como referencia de salida y Karagounis, su gran capitán, como el tipo que mandaba y brindaba las ideas.

Así llegó el gol de la victoria. Tziolis, un organizador que insurgió en este partido como uno de los mejores del torneo en esas funciones, armó la jugada y fue el autor intelectual del gol de Torosidis que lo decidió todo. Grecia alzaba los brazos, Ulises regresaba a Ítaca con sonrisas, y Penélope, paciente, recibía el trofeo de la perseverancia.

Nigeria volvió a fallar en los grandes momentos. Ante Argentina buscó el partido por todos los flancos, pero su falta de explosión a la hora de las definiciones terminó por perderla. Hoy, aunque fueron otras las circunstancias, tampoco pudo llevarse para Lagos los puntos de la esperanza, siempre esquiva, siempre fallida. Los nigerianos perdieron los nervios, llegó la tarjeta roja para Kaita, y se desvaneció todo aquello que, hasta entonces, parecía un sueño Un sueño que en sueño se quedó.

Cristóbal Guerra

miércoles, 16 de junio de 2010

Desde Santiago hasta Nelspruit

A 48 años de distancia, Chile ha vuelto a ser Chile.

Por entonces, 1962, tuvo fuelle y ganas para llevarse por delante a Yugoslavia y conquistar el tercer lugar del Mundial montado en la geografía larga y angosta del país austral. Y ayer, frente a Honduras, volvió sobre sus pasos para iniciar, con fútbol luminoso, sus andanzas en Suráfrica.

Un largo viaje, interminable e imposible, desde Santiago hasta Nelspruit. Antípodas de dos conquistas que marcan, aquella por haber sido la despedida de una selección que trascendió hasta el alma popular chilena, ésta por haber sido la encargada de abrir los portones de una esperanza que crecerá con los días.

Chile le dio vida al Mundial, y se unió a Corea del Sur en la empresa de de dibujar sonrisas en la geografía surafricana. Con Alexis Sánchez reinventándose en cada jugada, y Matías Fernández y Jorge Valdivia como secuaces de la pandilla que llegó del sur de Suramérica, el escuadrón chileno desbordó toda oposición centromericana. Una Honduras que se pasó todo el partido tratando de ver cómo salía de aquel aluvión que, sin pausas y como una manada de lebreles ansiosos de cumplir con su deber de cazadores, se le iba encima con voracidad de fiera.

Pero no obstante todas sus buenas maneras, esas evoluciones tácticas que dieron la impresión visual de aquella “Naranja Mecánica” holandesa y su fútbol total, a Chile aún le falta lo más importante que el fútbol puede tener: la contundencia para resolver los partidos. Sí, ayer le bastó con el gol de Jean Beausejour para establecer su superioridad, tal fue la inocencia de Honduras del medio de la cancha hacia adelante, pero no siempre tiene por qué ser así. Ahora va a tener que lidiar con Suiza, una maraña defensiva que le va a hacer tragar grueso, y nada menos que con España.

Chile fue autosuficiente y claro, convincente y está en la ruta, pero no todo está hecho. Ante los hondureños pudo hacer las tareas y los deberes, llenó la cancha y su dinámica de fútbol le alcanzó para llevar sin sobresaltos un partido que, dada la constitución del grupo H mundialista, tenía que ganar a todo evento. Pero de aquí en adelante el panorama podría no ser exactamente el mismo.

Eso está por llegar, y mientras eso llega, el “Confieso que he vivido” de Pablo Neruda se acaba de convertir en el “confieso que he ganado” que ahora recitan, exultantes y con todo derecho, el técnico Marcelo Bielsa y sus entusiasmados jugadores.

Cristóbal Guerra

El Gol: Gran ausente en Sudáfrica

Culmina la primera fase del Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010, y el gran ausente sigue siendo el gol. Tras dieciséis encuentros disputados, 25 han sido los tantos marcados, lo que da un promedio de un gol y medio por partido; vale destacar que sólo Alemania tiene cuatro en su cuenta.

Como otro dato curioso de esta primera fase de la ronda eliminatoria, los primeros ocho goles fueron marcados por jugadores no delanteros, en su mayoría mediocampistas; fue el alemán Lucas Podolski quien estreno el marcador de los artilleros en la goleada germana sobre el combinado de Australia cuatro por cero.

Jugadores como Diego Forlan, Lionel Messi, Gonzalo Higuaín, Diego Miito, Carlos Tevez, Wayne Rooney, Robinho, David Villa y Fernando Torres, quienes son grandes referentes del gol no han podido gritarlo, ni batir las redes con el criticado Jabulani. Vale destacar, que Argentina, posee entre sus principales delanteros, el mayor número de goles marcados en las diferentes ligas europeas. 128 goles sumaron Messi, Higuain, Tevez, Milito y Sergio Agüero.

Para la segunda fase que inicio este miércoles, se espera que el frío del invierno Sudafricano abandone a los jugadores, y se puedan gritar más goles, que sin duda alguna es el principal protagonista de un evento como la Copa Mundial de la FIFA.

Daniel Ortiz

El Mundial de las Vuvuzelas

En este Mundial Sudáfrica 2010 una de las principales curiosidades han sido las Vuvuzelas, una especie de trompeta, hechas de plástico en su mayoría, que producen un sonido similar al zumbido de las abejas o al de un elefante cuando está asustado.

Aunque el origen de la palabra Vuvuzela es desconocido, el término puede derivar de la palabra vuvu, que en idioma zulú significa hacer ruido.

Varios estudios señalan que las Vuvuzelas pueden ocasionar serios daños al aparato auditivo de las personas debido al intenso sonido que emiten. El motor de un avión en marcha genera 120 decibelios y al momento de despegar llega a los 130, una Vuvuzela puede alcanzar hasta los 127 decibelios, imagínense cientos de Vuvuzelas sonando al unísono en los estadios de Sudáfrica.

En este mundial varios jugadores y entrenadores se han quejado por el uso de las Vuvuzelas, alegando que dificulta las comunicaciones dentro de la cancha. Además, algunas cadenas de radio y televisión han solicitado al comité organizador que suspenda su uso. Por el contrario, para la selección de Sudáfrica se trata de una motivación, incluso su entrenador, el brasileño Carlos Parriera, le ha pedido a la afición de los “Bafana Bafana” que durante los juegos del combinado local suenen con gran intensidad estas particulares trompetas.

Hace algunos años atrás
la FIFA llegó a plantear su prohibición, alegando la posibilidad de que pudieran ser usadas como un arma dentro de los estadios, aunque permitió su uso a partir del año 2008. El presidente de este organismo, Joseph Blatter, declaró que África tiene un ritmo diferente, un sonido diferente y la tradición de los aficionados no debe detenerse.

Miguel Riquezes

martes, 15 de junio de 2010

Rescatando al soldado Dunga

El fútbol es así: la justicia tarda, pero llega.

Brasil, metáfora de la paciencia futbolístca, no desesperó ante la resistencia casi heroica propuesta ayer por Corea del Norte, esa Corea que, parada en el “paralelo 38” de su geografía, demoró más de la cuenta en bajar los brazos. Su sistema defensivo, una maquinaria perfectamente aceitada, se manejó con propiedad, yendo y viniendo al compás del ritmo impuesto por los brasileños, sin variaciones in pestañeos.

Aparecieron las dudas y las preguntas: ¿no va a poder Brasil descuadernar a un equipo evidentemente inferior? Hasta que insurgió Maicon, como un aparecido de las historia de Jorge Amado y la Bahía de todos los dioses, con su gol imposible, y se dibujó Elano con el gol que recompensó su empecinamiento. Entre los dos revivieron, a su manera, el espíritu de la exitosa película de Steven Spielberg, “Rescatando al soldado Ryan”, pero en versión brasileña: “Rescatando al soldado Dunga”.

Por momentos, Brasil se desbordó en llegadas, en una tenencia de la pelota casi desmesurada, porque Corea regalaba el campo para que lo fueran a buscar,. Esa era su estratagema y, dentro de sus limitaciones, aquello le salió a la medida, pues los suramericanos, faltos de un liderazgo que no asumió Kaká, chocaban mil veces con al misma roca.

Brasil no encontraba por dónde pasar, pero sabía que en algún momento, así fuera en la agonía del partido, Corea iba a tener que ceder. Que aquella vigilia fronteriza iba a tener fin, porque “no hay defensa que dure cien años, ni brasileño que no la rompa”. Y pasó lo que tenía que pasar, una gestión de partido que tuvo un resultado predecible, aun con el gol de posteridad coreano que solo sirvió para poner un poco de suspenso al final y para que el equipo de Asia llevara a casa ese trofeo para ellos inolvidable.

Hoy leeremos los diarios o veremos los noticieros de la televisión y ahí estará el 2 a 1. Muchos dirán que Brasil decepcionó porque solo pudo ganar por una diferencia estrecha, pero al final de todo, victoria es victoria y los tres puntos están en el bolso verdiamarillo. Los grandes tienen estas cosas; comienzos lentos para después ir subiendo sus decibeles y sus ritmos a medida que el Mundial avanza, y de lo hecho en los comienzos al final pocos se acuerdan.

¿Crecerá Brasil con el avance del torneo? Está por verse. El equipo del gran Amazonas no deslumbró ni encegueció a nadie, pero en su cuartel general, y en Brasilia, saben que hay maneras de salir del embrollo. Que Brasil es Brasil, y que con eso tal vez pueda bastar para llegar muy lejos. ¿Bastará, realmente?

Cristóbal Guerra

lunes, 14 de junio de 2010

Los “Leones Indomables”

Los “Leones Indomables” de Camerún tenían lucharon no solo contra el educado dispositivo táctico de Japón, sino también contra sus propios fantasmas. Samuel Eto’o, caudillo del seleccionado africano, ha sido visto como el espejo en el tiempo del inolvidable Roger Milla, pero su falta de actitud y de compromiso no le permitió emular ante los orientales a quien ha sido considerado el mejor jugador que Yaoundé le ha ofrecido al mundo.

Camerún dio la impresión visual de que iba a ser el trapiche capaz de triturar a los pequeños nipones, el avasallante escuadrón que no iba a dejar rastro posible de las camisetas azules llegadas desde Asia, pero solo fue eso: una ilusión óptica, un espejismo del desierto, porque Japón, con su orden y su estructura táctica, desmontó toda intentona africana.

Cada vez que un jugador de Camerún recibía la pelota, era sitiado por cuatro o cinco japoneses que no le daban un respiro. La vida era imposible para los cameruneses, que, desconcertados, no conseguían por donde pasar ni grietas para llegar hasta lugares que ayer fueron inconquistables..

Y no pasaron. Solo un tiro al palo y una acción conjurada por el arquero Kawashima en las agonías del partido, pudieron inquietar a un equipo oriental maestro en conjurar ataques, ducho en la defensa de su geografía.

El gol de Honda, nombre de moto, fútbol de auto de fórmula 1, fue tal vez la metáfora de la tenacidad, de la persistencia. Un gol que pudo verse como injusto con el equipo que siempre atacó, pero también como recompensa para aquel que, sin necesidad de recurrir a heroicismos, se armó atrás con los valores de un proyecto táctico y de su fe, y que con paciencia a toda prueba pocas veces sintió el rigor del agobio enemigo, por intenso que este fuera.

Japón nunca varió su plan de vuelo. Ni siquiera en aquellos momentos finales, cuando Camerún, con más hambre que criterio, con más desesperación que fútbol, trató de imponer su supremacía física y futbolística.

El resultado tiene que haber sido una decepción para aquellos que creen en las armas del ataque como paradigma del juego, y para los que sienten que tener la pelota es dominar el partido. No siempre es así. Japón regaló balón y territorio como estratagema, y Camerún cayó en la celada.

Lo demás fue esperar su oportunidad, capitalizar lo poco que ofensivamente le podía ofrecer el intenso partido. Lo demás fue caer de madrugada, a las espaldas del adversario, y hacer del partido en Bloemfontein, el Pearl Habor de los cameruneses.

Cristóbal Guerra