lunes, 14 de junio de 2010

Los “Leones Indomables”

Los “Leones Indomables” de Camerún tenían lucharon no solo contra el educado dispositivo táctico de Japón, sino también contra sus propios fantasmas. Samuel Eto’o, caudillo del seleccionado africano, ha sido visto como el espejo en el tiempo del inolvidable Roger Milla, pero su falta de actitud y de compromiso no le permitió emular ante los orientales a quien ha sido considerado el mejor jugador que Yaoundé le ha ofrecido al mundo.

Camerún dio la impresión visual de que iba a ser el trapiche capaz de triturar a los pequeños nipones, el avasallante escuadrón que no iba a dejar rastro posible de las camisetas azules llegadas desde Asia, pero solo fue eso: una ilusión óptica, un espejismo del desierto, porque Japón, con su orden y su estructura táctica, desmontó toda intentona africana.

Cada vez que un jugador de Camerún recibía la pelota, era sitiado por cuatro o cinco japoneses que no le daban un respiro. La vida era imposible para los cameruneses, que, desconcertados, no conseguían por donde pasar ni grietas para llegar hasta lugares que ayer fueron inconquistables..

Y no pasaron. Solo un tiro al palo y una acción conjurada por el arquero Kawashima en las agonías del partido, pudieron inquietar a un equipo oriental maestro en conjurar ataques, ducho en la defensa de su geografía.

El gol de Honda, nombre de moto, fútbol de auto de fórmula 1, fue tal vez la metáfora de la tenacidad, de la persistencia. Un gol que pudo verse como injusto con el equipo que siempre atacó, pero también como recompensa para aquel que, sin necesidad de recurrir a heroicismos, se armó atrás con los valores de un proyecto táctico y de su fe, y que con paciencia a toda prueba pocas veces sintió el rigor del agobio enemigo, por intenso que este fuera.

Japón nunca varió su plan de vuelo. Ni siquiera en aquellos momentos finales, cuando Camerún, con más hambre que criterio, con más desesperación que fútbol, trató de imponer su supremacía física y futbolística.

El resultado tiene que haber sido una decepción para aquellos que creen en las armas del ataque como paradigma del juego, y para los que sienten que tener la pelota es dominar el partido. No siempre es así. Japón regaló balón y territorio como estratagema, y Camerún cayó en la celada.

Lo demás fue esperar su oportunidad, capitalizar lo poco que ofensivamente le podía ofrecer el intenso partido. Lo demás fue caer de madrugada, a las espaldas del adversario, y hacer del partido en Bloemfontein, el Pearl Habor de los cameruneses.

Cristóbal Guerra

1 comentario:

  1. Concuerdo con el comentario inicial, Eto´no presentó un bueno nivel en el encuentro contra Japón.

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