Los nombres de Milan Jovanovic y Vladimir Stojkovic contrastan en escritura y fonética con los de Miroslav Klose y Lukas Podolski, pero sobre todo en logros futbolísticos si hablamos de los sucesos de ayer en Port Elizabeth, un lugar de este mundo muy distante de Belgrado donde Serbia venció al poderío alemán. Y lo venció, no obstante haber sido un equipo excesivamente cauto ante aquel monstruo que ayer, jugando con 10 hombres desde el minuto 33, no tuvo arrestos para revertir la historia de un partido que nunca fue noble y buena con su reputación de potencia universal.
Serbia pido conseguir más, pero se conformó. No le importó dejar pasar con indiferencia la oportunidad de ganar el partido por un marcador más ancho, porque siempre tuvo temor a que Alemania se acordara de repente de que es Alemania, que volviera sobre sus pasos y fuera otra vez el equipo tricampeón del mundo, y le arruinara el festejo a su pequeño país recostado a orillas del mar Adriático.
Y extrañó la actitud de los serbios, conocidos en todas partes por su manera de ser empecinada y terca, muy tozuda. Por sus persistencia en cualquier campo de la vida, pero también por ofrecer jugadores de fútbol talentosos y potentes.
Alemania probó de eso ayer. El gol de Jovanovic fue así, una muestra de cómo son los hombres de su nacionalidad, pues se paró muy cerca del arco germano y, con determinación, marcó aquel gol que insospechadamente ha puesto en carrera a Serbia en ruta hacia los octavos de final.
Los alemanes atacaron, sí, y no los condicionó ni siquiera la expulsión mañanera de Klose. Siguieron fieles a sus hábitos ofensivos, fueron por el territorio serbio, y cuando llegó el penal a comienzos del segundo tiempo, parecía que el fútbol les daba su recompensa. Pero entonces insurgió el arquero Stojkovic, con su 1,96, con sus manazas enormes, con su mirada fiera, para contener el tiro penal disparado por el botín izquierdo de Podolski.
El equipo de Berlín no cejó en sus empeños, todo tan estéril, tanto tiempo y esfuerzos dilapidados, y ahora, con tres puntos, debe compartir la vanguardia de su grupo con Ghana y sus victimarios de ayer. Quién lo hubiera pensado, ayer a un minuto para las siete de la mañana: Alemania ha caído, Serbia le ha vencido con buenas artes, y todo ha quedado en la bruma de la incertidumbre.
Cristóbal Guerra
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