martes, 15 de junio de 2010

Rescatando al soldado Dunga

El fútbol es así: la justicia tarda, pero llega.

Brasil, metáfora de la paciencia futbolístca, no desesperó ante la resistencia casi heroica propuesta ayer por Corea del Norte, esa Corea que, parada en el “paralelo 38” de su geografía, demoró más de la cuenta en bajar los brazos. Su sistema defensivo, una maquinaria perfectamente aceitada, se manejó con propiedad, yendo y viniendo al compás del ritmo impuesto por los brasileños, sin variaciones in pestañeos.

Aparecieron las dudas y las preguntas: ¿no va a poder Brasil descuadernar a un equipo evidentemente inferior? Hasta que insurgió Maicon, como un aparecido de las historia de Jorge Amado y la Bahía de todos los dioses, con su gol imposible, y se dibujó Elano con el gol que recompensó su empecinamiento. Entre los dos revivieron, a su manera, el espíritu de la exitosa película de Steven Spielberg, “Rescatando al soldado Ryan”, pero en versión brasileña: “Rescatando al soldado Dunga”.

Por momentos, Brasil se desbordó en llegadas, en una tenencia de la pelota casi desmesurada, porque Corea regalaba el campo para que lo fueran a buscar,. Esa era su estratagema y, dentro de sus limitaciones, aquello le salió a la medida, pues los suramericanos, faltos de un liderazgo que no asumió Kaká, chocaban mil veces con al misma roca.

Brasil no encontraba por dónde pasar, pero sabía que en algún momento, así fuera en la agonía del partido, Corea iba a tener que ceder. Que aquella vigilia fronteriza iba a tener fin, porque “no hay defensa que dure cien años, ni brasileño que no la rompa”. Y pasó lo que tenía que pasar, una gestión de partido que tuvo un resultado predecible, aun con el gol de posteridad coreano que solo sirvió para poner un poco de suspenso al final y para que el equipo de Asia llevara a casa ese trofeo para ellos inolvidable.

Hoy leeremos los diarios o veremos los noticieros de la televisión y ahí estará el 2 a 1. Muchos dirán que Brasil decepcionó porque solo pudo ganar por una diferencia estrecha, pero al final de todo, victoria es victoria y los tres puntos están en el bolso verdiamarillo. Los grandes tienen estas cosas; comienzos lentos para después ir subiendo sus decibeles y sus ritmos a medida que el Mundial avanza, y de lo hecho en los comienzos al final pocos se acuerdan.

¿Crecerá Brasil con el avance del torneo? Está por verse. El equipo del gran Amazonas no deslumbró ni encegueció a nadie, pero en su cuartel general, y en Brasilia, saben que hay maneras de salir del embrollo. Que Brasil es Brasil, y que con eso tal vez pueda bastar para llegar muy lejos. ¿Bastará, realmente?

Cristóbal Guerra

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