Un amigo muy cercano, contaba: “El otro día estaba en un automercado, y en los televisores estaban transmitiendo el juego entre Brasil y Holanda. Cuando terminó el partido la gente dio un grito de satisfacción, porque parece que todos querían que eliminaran a los brasileños. Era como queriendo decir que hasta cuándo ganaban los mismos”.
La historia del amigo la creímos a medias. Él, simpatizante de la selección española, obviamente que tenía sus intereses. Y no le dimos al pana todo el crédito posible, porque en este país en cada esquina hay un caraquista y un magallanero, uno que va a Brasil y otros que va a Argentina. No hay unanimidades, así que el cuento del supermercado huele a guiso de pasión mundialista.
Pero más allá del entusiasmo anti brasileño de la gente que llenaba los carritos con sus mayonesas, sus salsas de tomate y sus arroces y sus pastas y sus verduras, seguramente lo que había era un sentimiento a favor de la novedad, del anhelado rostro fresco que el fútbol requiere con urgencia de enamorados quinceañeros.
Ni Brasil, ni Italia, ni Argentina, ni Alemania. Algo nuevo que el lunes próximo ilumine las redacciones de los medios de comunicación social, y que haga estallar, desde lo más profundos de las gargantas, el grito de “¡Al fin!”.
Unas remozadas relaciones de poder, con diferentes cabezas de serie, le darían al sorteo del Mundial 2014 un interés especial. No es poca cosa: en el bombo 1, cabeza de serie Eslovaquia; en el 2, Nueva Zelanda; en el 3, Ghana; en el 4, Corea del Norte; en el 5, Australia; en el 6, Camerún; en el 7, Dinamarca; en el 8, Grecia.
Claro que lo dicho es un acto de desmesura, una travesura periodística de quien escribe, pero las necesidades de los tiempos que corren, el hecho de las despedidas madrugadoras de los de siempre, van a llevar agua para el molino de las novedades. Los uruguayos, por ejemplo, podrán argumentar: ¿por qué Argentina será cabeza de serie y no nosotros, que en Suráfrica llegamos más lejos y que, como ellos, también tenemos dos títulos mundiales? ¿No merecemos el mismo trato y respeto?
Si el fútbol requiere montarse en el potro salvaje de las nuevas tecnologías, también requiere de nuevos actores, así esto no dependa directamente de la impenetrable burocracia de la FIFA, sino más bien del juego mismo. Vienen cambios, estemos preparados.
Cristóbal Guerra
No hay comentarios:
Publicar un comentario