martes, 6 de julio de 2010

Tumultos locos en portugués mayor

En los aeropuertos de Galeao, en Río de Janeiro, y Guarulhos, en Sao Paulo, la gente no sabía qué actitud tomar. Eran dos corrientes de agua de emociones encontradas, unas que iban, otras que venían.

Finalmente, la gente supo qué hacer: aplaudir a Juan, pitar a Felipe Melo, aplaudir y pitar a Julio César. Tumultos encontrados, y los sentimientos, como los dioses de aquella película humorística, enloquecieron de repente. Una mujer joven llevó un cartel que decía: “Dunga burro”. Burro, en el entendido brasilero, es lo peor de lo peor, lo más denigrante que alguien pueda decir a quien se odia. Al paso del técnico, un hombre de mediana edad aplaudió con agradecimiento.

Era el regreso. Y con el regreso, el vacío, la desesperación, la nada. ¿Y ahora qué?¿Qué hacer ahora con nuestras vidas, si es que después del fracaso aún queda vida? En Brasil, “fútbol” es una palabra de infinitos significados. Es una concepción de la vida, una manera de respirar. De levantarse cada día, de sentir que se está en este mundo.

En las enloquecidas carreras, en medio de tanta congestión, se oyó una voz: Mano Menezes. Sí, Mano Menezes, entrenador del Corinthians, el equipo de los amores del presidente Lula. ¿Mano Menezes, sugerido a la Confederación Brasilera de Fútbol por Lula, impuesto por Lula? Ese puede ser el hombre, el que cargue de aquí en adelante con los rezagos surafricanos de los tiempos de Dunga.

Por las calles la gente mira hacia ningún lado, no hay explicación para la debacle, no hay un culpable unánime. El diario O Globo abrió una encuesta y los candidatos fueron Dunga, Felipe Melo y Kaká. Ganador: Dunga. Pero la gente sigue sin rumbo, las cartas de navegación quedaron enterradas en la cancha de Port Elizabeth.

No obstante, los enemigos que hoy celebran no vayan a creer que su fiesta es para siempre: dentro de cuatro años Brasil armará el seleccionado más imbatible de todas las épocas, mascullan aquellos pocos cariocas, paulistas, mineros, bahianos y gauchos que han despertado a la razón, y que desde ya buscan almanaques a los que, con paciencia de chinos, irán arrancando las hojas hasta que en el 2014, Brasil sea anfitrión del próximo Mundial.

En la calle Vinicius de Moraes, en Ipanema, un cartel adherido a la puerta de un negocio de souvenirs, dice: “E agora o hexa”. Dentro de cuatro años y un día, tal vez tenga que ser cambiado por otro que inscriba: “E agora o hepta”.


CRISTÓBAL GUERRA

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