No hay nada en este mundo que pueda llenar el vacío postmundialista. Ni las conversaciones con los amigos, ni los recuerdos de los mejores goles, ni el goce de la victoria o la frustración de la amarga derrota. Nada.
Y ahora ¿qué va a ser de mi vida?, se han preguntado algunos, exagerando la nota o de verdad sintiendo el rigor de la ausencia, ese territorio inhóspito del que cuesta regresar. Un mes de partidos mundialistas suele dejar marcados los surcos de la excitación, del dejarse llevar, del estar colgado a la espera del siguiente partido y su resultado.
Caracas ha amanecido sola, sin tema de conversación. Las calles se miran todas iguales, monótonas, repetidas, como en Vislumbres de la India, la obra de Octavio Paz ambientada en el inmenso país de Mahatma Gandhi. “Voy viendo la monotonía, que es una de las características de la inmensidad”, dice el escritor mexicano de un viaje en tren, y ahora la metrópoli venezolana parece repetir tan aguda observación.
Suráfrica dio un vuelco. Comenzó como un torneo más cerca de las fronteras del aburrimiento y la repetitividad, que de la alegría del juego. Parado en el umbral del miedo a perder y del conservadurismo, consumió su primera ronda sin alma, rindiéndose a la lógica y si que desde sus entrañas saliera un chispazo de locura. Cierto poeta, decepcionado de la cordura y las formalidades del mundo actual, escribió alguna vez: “De cuando estuve loco aún conservo/un par de gramos de delirio en rama/por si atacan con su razón los cuerdos”.
Pero el Mundial se reinventó sobre la marcha y comenzó a ofrecer, desde los octavos de final, aquellas emociones que guardaba en un cofre cerrado bajo siete llaves. Comenzó el atrevimiento, afloraron las ambiciones desmedidas, los goles a raudales, y el fútbol se llevó el premio mayor. El delirio en rama del poeta, pues, se consumió completo.
Pero nada como terminar una cosa para comenzar otra. Desde Río de Janeiro ya se oye el vocerío que invita al próximo Mundial; ya se huele el “cheiro” (aroma, perfume) que llega desde el océano Atlántico y s esparce por el planeta entero. ¿Quiénes clasificarán al 2014? ¿Estará Venezuela entre los elegidos? ¿Qué selecciones jugarán la final? ¿Deslumbrará Brasil con sus estadios magnificentes y futuristas? ¿Podrá América ganar su décimo título para igualarse en trofeos con la orgullosa Europa?
Calma y preparados. El Mundial 2014 ya está aquí.
CRISTÓBAL GUERRA